Depende de ti escribir tu propia historia

El título de este post puede ser abordado desde dos vertientes: desde la idea de huella digital y desde la del éxito personal, ninguna excluyente de la otra. Es cierto, no obstante, que las circunstancias personales son determinantes en la trayectoria vital y profesional que tenemos, pero siempre queda un espacio abierto a la actitud individual que también incide en el resultado. Y esto no es cuestión de secretos trascendentales o de libros de autoayuda. Menos en el campo que nos interesa.

En Social Media, la huella digital la construimos nosotros, paso a paso, acción a acción, post a post. La relevancia de nuestros mensajes y el interés que despierten, irán dibujando la silueta de nuestros yos profesionales, pero también de nuestra parte personal que está abierta al público. Incluso cada “Me gusta” que damos, afecta a ese trazo que va trazando nuestra reputación en la Red. Y, por supuesto, no se construye solo por el hecho de estar en las redes, sino a través de la forma en que las utilizamos. Y no es cuestión de cantidad -como muchas empresas y personas creen ciegamente-, sino que es meramente un asunto de calidad, de coherencia y de la capacidad que tengamos para atraer, conquistar a nuevos usuarios y mantener la atención de nuestros seguidores.

De la mano de esto surge la segunda vertiente: el éxito personal. No es aquel que se consigue por respirar 10 veces concentrándonos en la respiración, sino aquel más tangible, que se consigue a base de trabajo, esfuerzo y de una acción de marca personal, de comunicación, que nos posiciona como referentes dentro de nuestro ámbito profesional.

He insistido muchas veces -y lo sigo haciendo con mis clientes- que estar en redes sociales no es útil si no lo convertimos en parte de la rutina laboral, si no lo consideramos como una inversión necesaria para llegar a nuestros clientes, cautivos o potenciales. Y me detengo en la idea de inversión, porque no es un gasto y nunca debe ser entendido así. El Social Media es una inversión a medio y, sobre todo, a largo plazo que, a día de hoy, ni siquiera debe ser cuestionada, sino que debe ser asumida. En una era como la que estamos viviendo, con estos nuevos usuarios demandando transparencia, humanidad, valores comunes y otra serie de intangibles muy ligados a las emociones, es esencial no solo contar con ellos para crecer y avanzar, sino también para aprender y sacar lo mejor de nosotros mismos gracias a la interacción con nuestros seguidores.

No estar en las redes sociales es un error tan grave como no invertir en publicidad; pero, además de hacerlo bien, no se le puede pedir al primero que genere un retorno inmediato. Marketing no es publicidad y publicidad no es gestión de redes sociales, y confundirlos puede ser muy peligroso. Van todos de la mano como acciones con una vocación comunicacional, de imagen, de fijación de marca, etc., pero claramente no son disciplinas o filosofías que tienen la misma capacidad de respuesta. Una es inmediata y la otra es a largo plazo; una genera reacción y la otra, satisfacción; una está ligada a lo comercial y la otra a lo emocional, a la permanencia, a la vinculación con la persona, no con sus necesidades.

Dicho todo esto, depende de ti escribir tu propia historia, la de tu empresa o la de tu marca. Eres tú quien debe ser capaz de comprender el alcance de tus acciones (o de tu falta de actividad) en las redes. Eres tú quien debe reaccionar de forma positiva ante un escenario que, si bien lleva cambiando ya varios años, se presentará más activo en 2016. Eres tú quien puede dibujar tu futuro o el de tu producto. Y debes hacerlo de la mano de profesionales capaces de acompañarte en ese camino sin fórmulas mágicas, pero sí con estrategias coherentes, individualizadas y pensadas de forma holística, es decir, que tengan en cuenta tus objetivos, capacidades, clientes, productos, intereses y presupuestos. Las respuestas estándar no son más que un error que, a largo plazo, puede costar extremadamente caro.

¡Felices fiestas y un 2016 lleno de éxitos!

Felices_Fiestas_2016

Ha sido un año lleno de emociones, actividades y proyectos… ¡No hemos parado!

Pero 2015 nos deja con buen sabor de boca: una nominación a los Premios Goya (además de haber ganado ya varios galardones) para el proyecto de Mabel Lozano, Chicas Nuevas 24 Horas, como Mejor Largometraje Documental; la internacionalización de una de nuestras actividades en 2016, cruzando el Atlántico para comenzar labores de edición y contenidos en EEUU; varias publicaciones en diversos medios nacionales y extranjeros; nuevos clientes a finales de 2015 y para comienzos del nuevo año; y, sobre todo, seguir trabajando en proyectos con nuestros amigos y clientes de tantos años.

En el lado negativo, se nos quedaron dos proyectos que fueron rechazados en convocatorias de subvenciones, pero que estamos volviendo a evaluar para ver si vale la pena reformularlos o crear unos nuevos. ¡Lo seguiremos intentando! Del fracaso se aprenden muchas más lecciones que desde el triunfo. Y por eso, aunque os deseamos un 2016 lleno de éxitos, también os deseamos algunos fracasos para que saquéis buen provecho de ellos.

¡Feliz 2016 y muy felices fiestas!

Equipo TLB Comunicaciones

El marketing de contenidos aumenta su valor

¡Llevo años diciéndolo (y obviamente no soy el único): el marketing de contenidos es la forma más eficaz, barata, sencilla e inteligente de posicionar tu marca personal! Ha quedado demostrado con el surgimiento y auge de nuevas redes que, precisamente, valoran ese contenido: Instagram, Twitter, Pinterest o Facebook, que pese a perder algo de fuelle, precisamente apunta a que la experiencia de sus usuarios se base en el acceso a lo que ellos consideran de valor.

Y he aquí la gran pregunta: ¿Qué es contenido de valor? Es más fácil decir lo que no es: no es un texto sesudo y denso, académico de principio a fin (aunque puede serlo también), y no es una gran parrafada sobre algún tema interesante (aunque también). Pero sí es contenido de interés para nuestros usuarios, para esos que nos siguen desde sus pantallas, fijas o móviles. Es decir, el contenido tiene valor cuando impacta, cuando interesa, cuando marca, cuando emociona, cuando hace al público, al nuestro, reaccionar de alguna manera. Todo lo demás, no sirve y no tiene valor alguno.

¿Cómo saber qué es de interés? Parece mentira que después de 4 años escribiendo sobre este asunto, todavía sigamos hablando de lo mismo: escuchando a tu público, interactuando con él, comprendiendo y adelantándote a sus necesidades. Incluso generando algunas nuevas después de haber leído algo que has escrito. El contenido de valor te permite captar su atención, mantenerla en el tiempo y, si tienes suerte (y dedicas mucho esfuerzo), instalarte en su corazón, que al final es lo que toda marca, persona o empresa quiere conseguir.

¿Estás en su corazón? Si es que llevas años en esto y no consigues todavía ganar su confianza, es que no. Tu camino seguro no ha sido equivocado, pero tampoco ha sido el más adecuado. Y es que contenido y contenido de valor para tus usuarios son dos cosas totalmente diferentes. Habitualmente se da por sentado que con el primero se consigue el éxito… pero este nunca acaba de llegar. La verdadera ganancia está en el segundo, en ese que te permitirá acceder a más usuarios y traspasar esos locos y selectivos algoritmos de selección. Ese que se compone de textos, imágenes y vídeos que cuentan una historia, tu historia.

Y por fin esta idea está cobrando más fuerza. El marketing de contenidos, relegado hace un par de años a algo ordinario y cotidiano, reivindica esa condición y se posiciona, además, como uno de los más relevantes y exitosos. Ha sobrevivido los embates de modas y tendencias, pero se ha vuelto muy poderoso entre los principales actores del mundo de las redes sociales y de la Web 2.0. Es hora de reconocerlo y ponerse a trabajar para que 2016 no solo sea su año, sino también el tuyo.

Social Media: El valor de la comunidad

Ante el boom de la filosofía del Social Media y el éxito de las redes sociales, muchas empresas y organizaciones se lanzaron a Internet sin detenerse a pensar qué estaban haciendo. A muchas, las timaron con costosas e inútiles páginas web que han tenido que rehacer una y otra vez. A otras, en cambio, se les abrió un mundo ante el que no pudieron reaccionar. Y ahí siguen, sumidas en el silencio, en la automatización y en el más absoluto despropósito: la incomunicación.
La cuestión es simple: estar en las redes implica una responsabilidad, una necesaria atención que va más allá de un “Me gusta” o de un mensaje automatizado con publicidad. Debe ir de la mano de un trabajo responsable, con criterio y objetivos claros, enmarcados en un plan global de Social Media, que sea posible medir y que nos permita recolectar información que nos sea de utilidad para el futuro.
Juan Barjau decía que “existe un error de concepto del que parten muchas empresas asumir que su presencia en las redes sociales debe contemplarse como una acción más dentro de su estrategia de ventas”. No obstante, si “nuestra presencia en redes sociales es una forma de comunicarnos con nuestros proveedores, clientes, colaboradores, amigos, etc. y, por tanto, si lo contemplamos desde el punto de vista de nuestro negocio, debería formar parte de nuestra estrategia de comunicación y no de nuestra estrategia de ventas”, añadía.
El valor del Social MediaTeniendo esto en cuenta, el Social Media requiere una inversión y un proceso mental. Y lo hace por 3 razones:

  1. Es un trabajo profesional, que requiere preparación y cualificación.
  2. Es un plan que necesita de ciertos conocimientos y destrezas para sacar el mayor partido de las herramientas disponibles.
  3. Requiere tiempo, constancia y permanencia en el tiempo. No se puede tener una visión cortoplacista al respecto.

Con esto en la mano, está claro que no podemos permitir más desprecio por nuestro trabajo. Pese a los avances, aún persiste una errónea noción de que, como todos podemos acceder a las redes sociales, todos tenemos los conocimientos necesarios y adecuados para que esa aproximación al Social Media sea profesional, objetiva y eficaz. ¡Error! El peligro de hacerlo así radica en que se pone en juego no solo la imagen de la organización, sino también el trabajo diario de relación con la comunidad.
Si has dado el salto a las redes sociales, asume con responsabilidad su función de canal de comunicación y evita convertirlas en un panfleto barato. Sácales partido y comunícate con tus clientes, aprende de ellos y responde, habla, comparte, emociona, cuenta, llega más allá de las pantallas… Crea contenido acorde con tus objetivos y atiende cada consulta, cada comentario, porque todos ellos son oportunidades de ganar algo,de permanecer más tiempo en la retina de tus clientes. Ignorar estos canales, a la larga y de acuerdo a la tendencia vigente, te va a costar mucho más caro que invertir en ellos. Tu comunidad vale oro.