Cómo crear buen contenido

He visto anunciadas varias técnicas para crear buen contenido para Social Media en diversos blogs. Sin ánimo de desmerecer el trabajo de nadie, en general me parecen una acumulación de lugares comunes y de técnicas de autoayuda que poco ayudan a inspirar la creatividad y más bien tienden a la frustración de los propios usuarios. Para que alguien me diga como técnica que requiero inspiración y transpiración, mejor recurro a mi madre: “Hijo, para conseguir lo que quieres tienes que dedicarte y esforzarte“. En frases simples, es más o menos lo mismo.

El buen contenido no nace de profundas filosofías ni de acuciosos estudios. Nace del sentido común, del conocimiento de nuestro público y, sobre todo, de las intenciones que tengamos: informar, entretener, generar debate, comentar, criticar, interpretar, opinar. El tema, vendrá dado por el medio: un periódico deportivo, una revista de moda, un libro de cocina o un blog sobre Social Media. Y el contenido en sí, aparecerá de nuestra constante y continua investigación en todos los medios posibles: prensa, Internet, televisión, radio, la conversación del patio de vecinos, un cartel en la calle, un comentario en un blog, etc.

Las fuentes de inspiración son infinitas y hay que buscarlas. La inspiración requiere esfuerzo y trabajo, no surge por generación espontánea (eso no es más que un mito para justificar ciertos cuentos).El mejor consejo que me dieron a mí y que puedo repetir es: Nunca dejes de sorprenderte. No pierdas la capacidad de asombrarte por las cosas que ocurren a tu alrededor.

Hasta aquí todo resulta, en mayor o menor medida, fácil. El resultado de esta etapa dependerá de nosotros mismos. ¿Qué pasa después? La pregunta nos llevará a saber si lo que hemos escrito es o no un buen contenido. Pero esa decisión no es nuestra, es del público. Y la mejor forma de saberlo es comprobar la reacción de ese público ante lo que escribimos: ¿es positiva?, ¿es negativa? o ¡no hay respuesta!

La peor de todas es la indiferencia, pero no hay que hundirse ante ella. Cambiar el estilo es relativamente fácil: textos más sencillos, claros, precisos y bien escritos. Evitar la subordinación de frases e ideas. Si corresponde, darle un toque de humor (siempre desde el respeto, claro). Compartir experiencias, contar una historia como lo harías con los amigos en el bar. Emocionar al lector, hacer que se identifique. Vamos, un buen contador de historias, que ahora les ha dado por llamar storytelling, para darle más alcurnia. Probar y jugar con los textos hasta dar con la clave que provoque reacción y en la que como redactores nos sintamos cómodos.

No hay técnicas ni pasos a seguir. No hay reglas, consejos ni fórmulas mágicas. Lo único que hay es trabajo y esfuerzo, constancia, mucha lectura y una buena dosis de sentido común, para saber qué escribo y quién lo leerá. No se puede pretender ser siempre brillante ni tampoco sentirse siempre mediocre. Pero el buen contenido cuesta, como la fama (estoy viendo a Debbie Allen golpear el suelo con su bastón en la mítica serie) y hay que trabajar muy duro para conseguirlo. Es el único secreto.

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