En defensa del contenido

Definitivamente en España no hay una cultura de pago por consumir contenidos, sobre todo los relativos a los ámbitos de la cultura y de Internet. Curiosamente, la gente sí está dispuesta a pagar por otro tipo de contenidos: científicos, del corazón, fútbol, cine (en determinados y precisos casos). Youzee, empresa de VoD (Video on demand) o servicio de video en streaming a la carta, se ve obligada a reducir su plantilla en un 80% y a abandonar el servicio de tarifa plana que ofertaba, precisamente porque el modelo no funciona en España.

De igual manera, ocurre con el trabajo que desarrollamos en Internet. En las últimas semanas hemos perdido dos nuevos clientes sencillamente porque no estaban dispuestos a pagar lo justo, ni siquiera lo deseable, por realizar nuestra labor. No sé si es aprovecharse de los tiempos de crisis o simplemente es que en su política interna, las empresas no están dispuestas a reconocer el trabajo de los demás en este campo. La pregunta que siempre me surge es ¿por qué alguien no tiene reparos en pagar por el diseño de una web, pero se niega a hacerlo por el contenido? ¿Qué es, en realidad, lo más importante? ¿Estamos perdiendo el norte? La verdad es que depende del punto de vista de quien lo mire, pero ambos son, en suma, igual de importantes. ¿Por qué, entonces, esa diferencia de trato?

¿Qué pasa con Internet? Antes de las vacaciones ya hablábamos de contenido libre y gratuito, como dos cosas completamente diferentes. Por un lado, la posibilidad de leer y publicar cualquier tipo de contenido (libertad); por otro, el acceso a todos los contenidos sin pagar (gratuidad). El primero es absolutamente deseable; el segundo, igualmente deseable, tiene un reparo: la necesidad de pagar por el buen contenido que se puede encontrar en la Red.

Si bien es cierto que la oferta es cada vez más amplia, todavía Internet carece de un alto porcentaje de fuentes fiables que la hagan merecedora de una confianza absoluta. Y, por más que la voluntad de los usuarios activos de la Red produzca una generación de contenidos aceptable y diversa, lamentablemente eso no la dota de la calidad a la que deberíamos aspirar. Pero es así, hay una visión aceptada de la mediocridad, simplemente por el hecho de que sea gratis. Estamos dispuestos a ver una mala copia de una película o de un programa de televisión colgado en la red por el hecho de no pagar una cuota mensual más que prudente (en Youzee, por ejemplo, era de 7 euros al mes, es decir, lo que puede costar una copa en una buena cantidad de bares de Madrid o menos de lo que cuestan dos paquetes de tabaco o unos 5 billetes sencillos de Metro). De igual manera, estamos dispuestos a creer ciegamente en determinados contenidos web, por el hecho de que existen y alguien los ha escrito. Pero no por el hecho de estar escritos son necesariamente adecuados o fiables.

Ese es un tremendo error, porque si estamos dispuestos a pagar la alta definición para ver un gol, deberíamos estar dispuestos a pagar por un buen servicio informativo, sobre todo en temas específicos, en contenidos especializados, en producción audiovisual, literaria, científica, cultural, etc. Si no, el sistema no es capaz de sostener una escasa demanda y, por tanto, de ofrecer un producto de calidad a un precio razonable. Así vamos, pero nosotros nos negaremos a regalar un trabajo que no solo requiere de un desarrollo intelectual y creativo, sino que defenderemos con firmeza el valor de la labor que realizamos nosotros, al igual que muchos profesionales de este ámbito.

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