La educación del CM

Enseñarle a una persona a vivir, pensar y actuar como un Community Manager (CM) no es tarea fácil. Todavía más difícil resulta explicarle la amplitud de labores de un Social Media Manager (SMM). Y de piedra se quedan cuando no queda más remedio que explicarles que la realidad actual fusiona ambas tareas en una única persona, con la complejidad añadida de depender de departamentos, personas o clientes que no entienden de qué va este trabajo en profundidad, y todavía ven al entorno Social Media como un mal necesario, pero como un mal menor.

Este pesimismo que ronda el comienzo de este post no es gratuito. Llevo enseñando a varias “generaciones” de futuros profesionales Social Media (¡eso espero!), pero con el tiempo justo para apenas darles unas cuantas pinceladas de lo que realmente es nuestro trabajo, de las exigencias y conocimientos que requiere, de la atención y cuidado a la hora de actuar, de la necesidad de medir, pensar y plantear estrategias cuando sea necesario; de la importancia de saber comunicar, de ser empáticos, de no olvidar nunca que “somos personas trabajando con personas”, ese aspecto de humanidad que nunca debemos dejar de lado en el ámbito social, en las relaciones con los demás.

Me duele pensar que apenas consigo explicarles el valor del contenido y del mensaje, de las métricas, de los objetivos y de la forma de plantearlos; de la actitud, de su huella digital, de su marca personal, de la relevancia que tiene un blog, de la estructura de un tweet, de las redes sociales y de sus características… De la comunicación 2.0, del amor por este trabajo y del mimo que requiere la comunidad. Apenas mencionamos y comentamos herramientas, estrategias, acciones y casos prácticos. Apenas tengo tiempo de verlos actuar. Pero es que 15 horas no son nada y solo me conformo con abrirles las puertas hacia un mundo por descubrir, por aprender; un mundo en continuo cambio y que requerirá lo mejor y lo peor de cada uno de ellos.

Más me duele cuando se somete a engaño a centenares de personas que se han visto afectados por casos fraudulentos de cursos de CM, porque eso nos mancha a todos, tiñe de oscuro un trabajo del que me considero enamorado, que cada día me motiva a mejorar, a aprender y a replantear las bases, de manera de sorprender y sorprenderme. Nuestra labor es continua, permanente y requiere mucho esfuerzo… al menos así la veo y así quiero seguir percibiéndola. Esto es mucho más que un post eficaz o un mensaje automático, mucho más que un abultado número de seguidores. Un CM se hace en la lucha diaria, en los días flojos, en los días malos, en las crisis y en las adversidades. Son esos momentos donde un CM puede brillar, puede crear, puede hacer mejor su trabajo, siempre que esté preparado y su conocimiento tenga sustancia, tenga una base que fundamente sus acciones.

Siempre he dicho que este trabajo es profesional, debe serlo. No se puede dejar en manos de cualquiera la labor de un CM y mucho menos su formación, su preparación hacia lo profesional. Es verdad que las nuevas generaciones tienen aprendido el uso y manejo de las redes, pero eso no los convierte en expertos ni en profesionales, sino en usuarios avanzados. La labor de un CM no es saber usar las redes sociales, sino utilizarlas para conseguir objetivos de un plan de comunicación y marketing. ¡No es lo mismo! Mi madre usa las redes sociales y eso no la convierte en una SMM. Postea, comparte, crea conversación y tiene seguidores, con un éxito relativo, pero no es profesional. ¿Por qué alguien, usuario como ella, habría de creerse el cuento?

Por último, las habilidades y aptitudes de un CM o de un SMM no se enseñan en un aula ni en un curso online. Se pueden despertar y entrenar, pero las competencias sociales y las destrezas comunicativas son innatas, así como quien tiene pericia para el dibujo o facilidad para las matemáticas. Por eso no todos somos potencialmente profesionales del mundo Social Media, aunque todos podamos convertirnos en usuarios activos y en líderes sociales. Una cosa no implica la otra. Una cosa es distinta a la otra. Ha llegado la hora de entenderlo y de actuar en consecuencia. La defensa de nuestro trabajo profesional depende únicamente de nosotros. Aunque eso signifique empezar a nadar contra la corriente.

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