La escalada del personal branding

Somos una empresa. Somos una marca. Somos un producto. La premisa no puede ser más deshumanizadora y, a la vez, un poco ridícula. Pero pongámonos en situación…

La aparición de la web 2.0 provocó una masificación de las voces y del ruido en la Red. La comunicación se intensificó y se convirtió en una fuerza multivectorial recíproca que saturó todos los posibles canales y nos convirtió en una sociedad infoxicada. Esto no significa que sea malo, sino que es la constatación de una realidad en la que nos desenvolvemos. El mercado (no en plural), recibió con los brazos abiertos estas posibilidades de negocio y nos lanzamos todos a ello en distintos ámbitos de desarrollo: programación, gestión, control, canalización, producción, generación, etc. Y aquí estamos hoy, intentando parcelar y cuidar nuestro pequeño territorio, pero la competencia es mayor.

¿Por qué? Porque Internet es un territorio, sino gratuito, muy barato para el usuario. En pocos minutos y con poco dinero, ya tienes no solo tu URL, sino que también un espacio web y múltiples canales para convertirte en fuente de información. Los cursos y programas de estudio han aprovechado este potencial y es un sector en auge, aupado todavía más por los tiempos de crisis. Y en todo este maremágnum, surge la necesidad de destacar: el desarrollo de nuestra marca personal (personal branding).

Como somos muchos, se hace necesario hacerse notar. ¿Cómo? Hay varias formas que actualmente se barajan para alcanzar el éxito en Internet, y de las que se están lucrando muchos y muchas a costa de personas incautas que creen que un curso de 3.000 euros les abrirá las puertas del cielo (ojalá así fuera), pero me voy a referir a dos de esas formas que a diario vemos:

  1. La versión Tele5, como he decidido llamarla, que es por la vía fácil, por la del ruido, por la de cursos prometedores que finalmente están vacíos de contenido y por una total falta de consistencia entre la imagen, el mensaje, el contenido y la forma de entregarlo. Estrellas fugaces y apariciones espontáneas que buscan el camino rápido al estrellato (aunque al poco andar acaben estrellados).
  2. La versión tortuga, donde a paso lento, nos vamos construyendo una reputación, una imagen, un nombre, una presencia, una voz.

No está mal que existan todas esas figuras. Pero debemos entender que si todos trabajamos nuestra marca personal de la misma forma (como pretenden ciertos gurús), acabaremos por ser iguales y volverán a vendernos otra fórmula de éxito en tiempos críticos. Está ocurriendo en el mercado de los portales de empleo, en los programas de formación, en las redes sociales…

La idea del “demuestra que eres diferente” es una premisa que suena muy bonita, pero que está totalmente vacía. Es obvio que todos somos iguales y diferentes a la vez. Cada voz es única y particular. Tampoco hay que regodearse en las diferencias. Lo más simple es que cada uno sea y que no crea en promesas de caminos cortos hacia la cima, porque la reputación es producto de un largo trabajo. Y esa es la verdadera marca personal: tu trabajo, tu constancia, tu consistencia. En fin, nada más que tú mismo.

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