¡No entiendo Twitter!

Una de las principales quejas de muchos usuarios a medio camino entre el 1.0 y el 2.0 (llamémosles 1.5) se construyen en torno a la inutilidad de Twitter como herramienta de comunicación, de información o como red social. Mi cara es siempre de asombro, aunque entiendo cuál es el origen del problema: el desconocimiento y el mal uso. Pero volvamos al principio…

Mi historia con Twitter comenzó hace unos 5 años y al principio fue muy tormentosa: el vicio de la información pudo contra mi criterio y me puse a seguir a todas las personas que tenían algo que decir -no siempre necesariamente relevante- de esa época. Y mi timeline colapsó… Era tal la cantidad de información que generaban esas 2001 voces, que me agoté, porque aquello era insostenible. No conocía bien las posibilidades de la red social ni de sus filtros, y todo me sonaba un poco complicado. Mi frustración me llevó, al poco tiempo, a abandonarla.

Volví a Twitter en 2012, cuando la resaca de Internet ya había dado paso a una tranquilidad profesional y a una madurez dospuntocerista, y comencé casi de nuevo: limpié la lista de seguidos, barrí de mi timeline toda la basura inservible, redefiní mi perfil y lo que yo buscaba a través de la red social y todo cogió el cauce adecuado. Desde ahí, Twitter y yo (y mis 4 cuentas) convivimos en una relación armoniosa y estable. El miedo ya pasó…

Pero, retomando la idea inicial, comprendo cuáles son los obstáculos que la gente ve en Twitter. Y volvemos a lo mismo: la culpa no es de la red del pajarito, sino del usuario que no utiliza su potencial de forma adecuada. Al igual que ocurre con LinkedIn, debemos hacer un uso adecuado de Twitter para sacar el máximo partido de un espacio de comunicación y expresión que tiene aún un futuro relevante dentro del panorama Social Media en los próximos años.

Sus propias limitaciones “espaciales” son, precisamente, su carta ganadora: microblogging (140 caracteres) en una relación asimétrica entre seguidores y “seguidos”, la convierten en una red abierta y democrática, mucho más que las otras que se basan en relaciones simétricas o en complicados sistemas de vinculación de redes. Se puede hablar de todo, filtrar la información de forma eficaz (infinitamente mejor que en Facebook, LinkedIn, etc.), realizar búsquedas, consultar etiquetas, crear trending topics (los temas de mayor repercusión) y todo con la facilidad que ofrece una red construida en ordenadores, pero con una indiscutible vocación móvil. En la actualidad, es precisamente aquí donde radica su mayor relevancia: Twitter va a todas partes, carga de forma rápida, se actualiza sin problemas y se adapta prácticamente a cada dispositivo, al menos lo hace mucho mejor que las otras redes de cara a los usuarios.

Incluso sus nuevas actualizaciones, que la acercan más a otras redes al uso, no le quitan un ápice de su fuerza. Sigue exigiendo concisión, buen uso, inteligencia y constancia para permitirle al usuario brillar en una saturada constelación de cuentas. Pero no nos confundamos: más de 500 millones de usuarios no significa ni de cerca que la red esté saturada. Twitter tiene cabida para todos y, lo mejor, es que ya se han consolidado ciertos nichos en los cuales desarrollar nuestra acción, sin la necesidad de acotarlo de ninguna otra manera que no sea a través de los usuarios con los que nos relacionamos y de los textos que utilicemos.

De todas formas, la media de usuarios activos se queda en unos 250 millones de usuarios al mes, de los cuales cerca del 75% accede desde dispositivos móviles. ¿Qué nos dice esto? Pues nada más y nada menos que la forma en que deberíamos utilizar la red: contenido preciso, breve e interesante (por eso de la cantidad de usuarios activos), acotable a una temática en la que podamos demostrar experiencia relevante o en la que ya tengamos cierto posicionamiento (por la misma razón anterior) o lo suficientemente notable para destacar dentro de la generalidad del contenido que circula que en Twitter. ¿Tarea difícil? Sí, pero esto es como todo… solo viven con éxito quienes hacen una labor dedicada y adecuada a cada contexto. Si hacemos caso a Alex Tew, “somos lo que publicamos en Twitter”.

No podemos pretender convertirnos en usuarios relevantes de la noche a la mañana, ni siquiera a base de bots que abulten nuestro número de seguidores. Como en toda red social, nuestra presencia en Twitter debe ir acompañada de un plan estratégico que dirija nuestro camino: qué quiero ser, hasta dónde quiero llegar y de qué manera lo voy a conseguir. Estar por estar no es otra cosa que incrementar las estadísticas generales de la red, sin aportar mucho a cambio. Se puede estar simplemente como espectador, pero la idea de Twitter, así como muchas otras, es precisamente la base social, en intercambio, el diálogo y la construcción de conversaciones que puedan resultar útiles. El problema es que se entiende habitualmente a esta red (así como a todas) como un escaparte más desde el cual puedo “hablar de mi libro” para que todos los demás escuchen. Déjenme decirles que esto resulta tan útil como gritar en medio de una plaza pública.

Twitter requiere trabajo, dedicación y esfuerzo, además de un seguimiento de nuestras acciones y su repercusión. ¿Qué funciona mejor? ¿Cuándo funciona mejor? ¿Cuál es mi actitud frente a los demás usuarios? ¿Hablo de mí o hablo con los demás? Esta red social no es una inmensa vitrina para lucir mis mejores “atuendos”, sino que es un espacio de intercambio donde mis habilidades son puestas a prueba a cada tweet publicado y a cada interacción generada. Y debo intentar ser capaz de estar a la altura de las circunstancias si quiero ser relevante. Pero no es más relevante quien más cosas publica o comenta, sino quien se crea un prestigio, una imagen y una marca capaz de traspasar los límites de los 140 caracteres para instalarse en la retina y en las emociones de los demás. Necesitamos que nos recuerden más allá de un hashtag y eso se consigue con la construcción continua y eficiente de una marca, de una seña propia que nos hace relevantes.

Y sé que esto puede resultar redundante, pero la relevancia es una de las necesidades fundamentales en el ámbito Social Media. Ser relevantes en un nicho, en un área o en una temática particular, es una aspiración para quienes trabajamos en este sector. Pero no confundamos relevancia con gravedad ni con aburrimiento: ser relevantes se consigue con esfuerzo, pero también con creatividad, con impacto y con un objetivo final que dirige nuestras acciones de forma consistente. Cualquier otra forma de estar nos permitirá compartir y utilizar la red social, pero no nos convertirá en personajes memorables para los demás usuarios.

Por último, quisiera destacar que esta red es el súmmum de la comunicación: es una herramienta fundamental para la base del periodismo informativo, desafiando al usuario a comentar en 140 caracteres (o 110-120 si quiere dejar espacio para RT y menciones) lo más relevante y, más encima, llamar la atención con ello. Si miramos a Twitter desde esta perspectiva, resulta indispensable no solo su uso sino también su adecuada utilización como herramienta de primer nivel, como un espacio abierto que permite conectar de forma directa con millones de usuarios en el mundo a base de talento, creatividad y unos pulgares entrenados para escribir. ¿Ahora lo entiendes algo mejor?

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