Social Media para todos

El concepto de Social Media es inclusivo y democrático. Su apuesta es la participación y el diálogo. Su motivación, la comunicación. Y su base, como no, el libre acceso a los contenidos. Pero aquí radica la confusión que transversalmente toca a todo lo que ocurre en Internet: una cosa es el libre acceso (la libertad de información) y otra, la gratuidad perpetua. El libre acceso, como bien lo dice su nombre, es la posibilidad de acceder a la mayor cantidad de fuentes disponibles, a todos los contenidos sin restricción legal o ideológica, fomentando la información libre y la comunicación entre individuos en igualdad de condiciones. ¿Suena a utopía? Un poco, pero ese es el espíritu.

Por otra parte, la gratuidad pretende que toda esa información no cueste dinero. Pero el trabajo cuesta y nadie está dispuesto a hacer el suyo sin recibir nada a cambio. Con esto no hago una apología a las intentonas de gobiernos, empresas, lobbies y ministras o ministros venidos a más para controlar la libre circulación de los contenidos o a su jerarquización, sino todo lo contrario: defiendo mi trabajo y el vuestro, porque todos queremos vivir de aquello a lo que dedicamos nuestro esfuerzo.

Si bien Internet se basa en la libertad de acceso, no se basa en la gratuidad. Acceder a Internet cuesta dinero (equipos, conexión, etc.) y dejando aparte el negociado de algunos con uno de los servicios más mediocres de Europa, es inevitable que cueste dinero, porque es una tecnología que utilizamos, igual que el teléfono (nadie se queja por pagar su factura) o la luz (que pese a las subidas, a nadie le parece una idea absurda el coste mensual del servicio utilizado). En el momento en que decidimos acceder a la Red, debemos asumir sus costes. Lo mismo ocurre con la información que encontramos en la Web: está a disposición de todo el mundo, pero así como hay usuarios que ceden sus derechos de recibir dinero por el trabajo realizado (como lo hacemos en este blog, sin ir más lejos), hay otros que viven de ello, por lo cual ejercen su legítimo derecho a cobrar por el contenido. Y no está de más decir que no todo lo que circula por la red es gratuito.

En este caso, la reciente prueba del actor/director Paco León de ofrecer su película Carmina o revienta a través de múltiples plataformas (y a precios más que asequibles), ha demostrado que hay otras opciones a los canales que nos tienen habituados las distribuidoras y que el público está dispuesto a asumir los costes asociados a la creación artística, siempre que haya buenas opciones para hacerlo (tiempo, lugar, costes, comodidad, etc.). En la Red ocurriría lo mismo con muchos contenidos de pago: si hay una buena oferta, la demanda aumentaría de forma inminente y sostenida. Pero una cosa es cobrar por un contenido y otra muy distinta es lucrar de ello. Pero ese será tema para otro momento. Volvamos a lo nuestro…

Aunque las redes sociales sean gratuitas, no significa que todos estén capacitados para manejar el preciado valor que ellas implican en el nuevo escenario de relaciones entre empresas y clientes

Con esta idea en la cabeza, las redes sociales son, en su mayoría, gratuitas en cuanto a acceso y servicios. Estamos de acuerdo. Pero su gestión en el ámbito profesional tiene dos opciones: o las gestiona cada uno gracias al instinto o a una formación dedicada, o cede esa gestión a terceros. Y de esta segunda opción, surgen otras dos: la gestión profesional o la amateur. La gestión amateur no asegura nada más que una presencia y una actualización, constante o no. La gestión profesional, en cambio, promueve el cuidado de la reputación on-line y la imagen, la comunicación con los usuarios, el seguimiento de la conversación, la monitorización de las tendencias, entre muchas otras cosas. Y eso tiene un valor incalculable para las empresas, además de una retribución real para quien se dedica a ello.

Aunque las redes sociales sean gratuitas, lo mismo que los blogs e incluso las páginas web, no significa que todos estén capacitados para manejar el preciado valor que ellas implican en el nuevo escenario de relaciones entre empresas y clientes, entre marcas y usuarios, entre servicios y contratantes. La gratuidad, en este caso, no es la mejor respuesta para su proyecto o para su empresa, porque se está jugando un valor capital: su reputación. Pero no se deje engañar, porque el trabajo de un experto en Social Media no es la prestidigitación ni la cura de todos los males; no obstante, es un servicio profesional y dedicado, que requiere de mucho esfuerzo, de largas horas, de días, de meses, incluso de años. Requiere también entrenamiento, formación, preparación y conocimientos, además de muchas otras habilidades.

El Social Media es para todos, pero eso no significa que todo deba ser gratuito. Aquí hay muchos profesionales trabajando y merecen que su trabajo sea reconocido. Y así como se defiende el contenido y la creación, realmente conozco a poca gente más creativa que los periodistas, los community managers, diseñadores, copywriters, redactores y muchos otros que han hecho de Internet uno de los mejores canales o soportes de comunicación que podríamos haber imaginado nunca. No dejemos que eso muera y reconozcamos el valor que tiene.

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